No ME gusta  Halloween

por parroquiacarballo

Cuesta trabajo escribirlo y aguantarlo. Aunque haya quien sucumba al encanto del disfraz y la comercialización de la fiesta. La fiesta de Halloween es fea. Por mucho que divierta a algunos. La vida es así: podemos elegir. Y puestos a preferir hay quien se decanta por la muerte hasta el punto de encontrar a quien en su empeño de disfrazarse de lo que no son, recordemos que son vivos y no muertos, rozan lo grotesco convirtiéndose en una caricatura de sí mismos. Llega a impactar algunos disfraces: ridículos y estentóreos. Estentor, personaje de la Ilíada de potente voz, quedaría pequeño y frágil si algún disfraz pudiera hablar. Hay que reconocer que nos gusta disfrazarnos. Cada uno a su manera. En cualquier tiempo y lugar. Pero en esta importada fiesta gusta concretamente ver al vivo muerto. Con toda su estética aterradora. Pero con la que está cayendo ¿qué necesidad hay de comer patatas fritas con una calavera observándote? ¿Qué urgencia tenemos de envolvernos en telas de araña y otros atrezos mortales? ¿Qué aporta cenar en lúgubres espacios rodeados de pálidos cadáveres?

Prefiero la vitalidad, el color, la luz. El arcoíris, las risas, el amor. La belleza, la amabilidad, las caricias. Prefiero lo bueno y bello. Lo que conduce a Dios. Aquello que transmite respeto y veneración por la vida. Propia y ajena. Vivimos sumergidos en un mundo donde guerras y disparates atenazan la paz en el mundo. Paz por la que hay que orar. . Todos los  creyentes creen en la paz y en la vida. No desean la muerte. Por eso celebrar la muerte o burlarse y reírse con ella es serio: se desprecia la vida.

Es necesario, urgente y preferible respetar y dignificar la vida. Y todo lo que a ella se vincula. También en lo referente a nuestros difuntos. Aquellos que compartieron vida y tiempo con nosotros. Lejos de posiciones panteístas, naturalistas o nihilistas honrar a nuestros muertos en un lugar sagrado y amar la vida y a los vivos es tremendamente mejor que celebrar Halloween.

Propuesta familiar: celebrar a los Santos y olvidarse de Halloween

Los centros comerciales, el comercio en general,  la publicidad  y las calles, se inundan de diablos, fantasmas, monstruos, calaveras y demás trajes alusivos también a la muerte. Ofrecen un sin fin de disfraces muchas veces elevados en precios lo que implica una inversión extra dentro de la canasta familiar.

Muchas personas lo toman como algo normal e incluso divertido, pero desde el punto de vista católico, ¿qué tiene de divertido disfrazar a los niños o decorar la casa con personajes que representan el mal, la tiniebla, lo opuesto al Señor que es la Luz del mundo?

¡Celebremos a los santos, no a los espantos!

La intención es organizar un festejo sencillo, divertido, en el que estén presentes las dos cosas que más gustan del Halloween a los niños: disfrazarse y recibir dulces, pero dándoles un giro, para que no sea una fiesta pagana y mucho menos anti cristiana.

 

También te puede Interesar