Una oración viva de la Iglesia en Santiago dos años después del accidente de Angrois

por parroquiacarballo

“En el atardecer de un día que se presentaba festivo, la noticia del accidente ferroviario sobrecogió nuestra alma que buscó en la oración el sosiego para encomendar al Señor a los fallecidos, pedir la recuperación de los heridos e implorar el consuelo y la serenidad para las familias de las víctimas. Este profundo dolor lo hemos vivido en la fe, en la esperanza cristiana y en el misterio, sintiendo la cercanía de nuestra gente, que se desvivió para atender a las víctimas, y el esforzado trabajo de cuantos colaboraron para paliar el inmenso dolor. También nuestros sacerdotes ofrecieron su disponibilidad. Signos de luz en el misterio de la muerte y el dolor”.
Así eran algunas de las palabras que el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, dirigía a los familiares de las víctimas del accidente del Alvia en el funeral que se celebró en la Catedral de Santiago, días después de la tragedia ferroviaria en la víspera de la solemnidad del Apóstol.
Hoy, dos años después del luctuoso acontecimiento, la Iglesia que peregrina en Compostela mantiene vivo el recuerdo de los fallecidos y su oración por todas las víctimas, en la confianza de que la muerte no tiene jamás la última palabra y que Cristo resucitado es la esperanza de los que confían en Él.
Porque como decía monseñor Barrio en el funeral, “vivimos en la certeza de la Palabra de Dios. Y Cristo nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida, todo el que cree y vive en mi no morirá para siempre”. Con este convencimiento quisiera, queridas familias, enjugar vuestras lágrimas y aliviar vuestro dolor. Es verdad que hubiera preferido acompañar sencilla y afectuosamente vuestro silencio en oración. Pero al presidir esta Eucaristía, sacrificio redentor de Cristo, recordando que “en la vida y en la muerte somos del Señor”, afirmamos nuestra fe en la vida eterna, seguros de que en la meta de nuestra peregrinación terrena nos espera Cristo Resucitado, vida definitiva para los que han muerto y consuelo para los que todavía peregrinamos en este mundo. Este consuelo es el que os traigo de parte de Dios nuestro Padre y que encuentra el pálido reflejo y el testimonio sentido en esta presencia nuestra a vuestro lado”.
Este, y no otro, es el sentido de la Eucaristía que tendrá lugar hoy en la Parroquia del Sar a las 18:00 horas: rezar y acompañar en el dolor y en la esperanza.

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