Carballo celebró la festividad de San Blas con misa y bendición del pan

por parroquia

La parroquia de Carballo celebró un año más la festividad de San Blas, una cita religiosa profundamente arraigada en la comunidad local. Como cada 3 de febrero, los feligreses se reunieron en la iglesia parroquial de San Xoán Bautista para honrar al santo mediante la Eucaristía y la tradicional bendición del pan. La celebración tuvo lugar a las 20:00 horas y estuvo presidida por el párroco José García Gondar.

Durante la homilía, el párroco recordó la figura de San Blas, obispo y mártir del siglo II, a quien la tradición cristiana reconoce como protector de las enfermedades de garganta. Destacó su pasado como médico y su cercanía a los enfermos y necesitados, subrayando que su vida unía “fe, compasión y palabra que cura”.

También evocó el episodio del niño salvado de morir ahogado por una espina en la garganta, uno de los milagros más conocidos atribuidos al santo. Más allá del aspecto físico, García Gondar invitó a los fieles a reflexionar sobre la “afonía espiritual”, entendida como la dificultad para transmitir la fe, consolar o sembrar esperanza con la palabra.

En ese sentido, recordó que “la boca fue creada para bendecir, no para destruir” y animó a los presentes a usar la palabra para alabar, animar y comunicar el Evangelio en la vida cotidiana.

Uno de los momentos centrales de la jornada fue la bendición del pan de San Blas, una tradición que simbolizaba la presencia de Dios en la vida diaria y en las mesas familiares. El párroco animó a recuperar la costumbre de bendecir la mesa en el hogar y de agradecer los alimentos en familia.

La festividad coincidió además con la semana de la campaña contra el hambre de Manos Unidas. En este contexto, se recordó la jornada de ayuno voluntario y la colecta solidaria del domingo, vinculando el gesto simbólico del pan con la necesidad de compartir con quienes carecen de lo básico.

La celebración concluyó con una oración a San Blas para pedir su intercesión, tanto para la salud física como para fortalecer la fe y la solidaridad entre los fieles. De este modo, Carballo volvió a renovar una tradición que unió espiritualidad, comunidad y compromiso social.

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