La relación entre abuelos y nietos ocupa un lugar propio en la vida de las familias: transmite recuerdos y valores, ofrece compañía y crea una confianza que enriquece a ambas generaciones. Sobre ese vínculo, y sobre la necesidad de vivirlo sin sobrecargas, reflexionó el psiquiatra Juan Carlos Díaz del Valle en la charla-coloquio celebrada este martes, 20 de octubre, dentro de la XXIX Semana dos Avós de la parroquia de Carballo.
La sesión, convocada a las 20.30 horas con el título «Avós e netos: un vencello emocional especial», forma parte de una semana que lleva por lema «Unha semana para agradecer, aprender e acompañar». El ponente combinó explicaciones sobre las relaciones afectivas con recuerdos familiares y propuestas para compartir tiempo con los nietos, respetando tanto las decisiones de sus padres como la autonomía de los abuelos.
Una relación que transmite memoria, confianza y valores.
Díaz del Valle comenzó su intervención desde la experiencia personal. Recordó los veranos y las vacaciones que pasó con sus abuelos, las historias que escuchó de ellos y las pequeñas vivencias que siguen formando parte de su memoria. Haber conocido a sus cuatro abuelos y a una bisabuela le permitió acercarse a una historia familiar que, según explicó, contribuyó a fortalecer su sentimiento de pertenencia.
A partir de esos recuerdos, destacó el papel de los mayores en la transmisión de valores como el respeto, la gratitud, la solidaridad y la empatía. Sus conversaciones y su manera de acompañar ayudan a los niños a conocer sus raíces, comprender lo que les sucede y aprender a ponerse en el lugar de los demás.
El psiquiatra subrayó que un vínculo afectivo necesita continuidad, confianza y una relación beneficiosa para las dos partes. En el caso de los nietos, señaló la importancia de encontrar una presencia cercana y respuestas coherentes que les proporcionen seguridad. También animó a favorecer su autonomía y su capacidad para tomar decisiones, siempre de acuerdo con su edad.
Acompañar sin sustituir a los padres ni renunciar a la propia vida.
Uno de los mensajes centrales de la charla fue la necesidad de evitar que la ayuda de los abuelos se convierta en una obligación permanente que les deje sin tiempo para sí mismos. Díaz del Valle advirtió sobre las situaciones en las que asumen tantas tareas de cuidado que apenas pueden descansar o mantener sus propias actividades.
Defendió su derecho a viajar, conservar proyectos personales y decidir qué responsabilidades pueden asumir. La disponibilidad para ayudar, explicó, debe convivir con la posibilidad de decir que no. También reconoció que existen circunstancias familiares, enfermedades o dificultades económicas que requieren un apoyo especial.
Esa colaboración debe partir, además, del diálogo con los padres. El ponente recordó que corresponde a estos establecer las pautas educativas y tomar las decisiones sobre sus hijos. Los abuelos pueden escuchar, apoyar y mediar en los desacuerdos, pero deben evitar desautorizar a los progenitores o situar a los niños en medio de los conflictos familiares.
Tiempo compartido para aprender y acompañarse.
Jugar a las cartas, pasear, ver una película y comentarla o conversar sobre una noticia fueron algunas de las actividades que propuso para fortalecer la relación. Frente al recurso de entregar un móvil a los pequeños para mantenerlos entretenidos, reivindicó el valor de dedicarles atención y compartir experiencias adaptadas a su edad.
El beneficio de esos encuentros, señaló, alcanza también a los mayores. La compañía de los nietos puede favorecer una vida más activa, estimular sus capacidades y ofrecer nuevas oportunidades para aprender, también en el uso de la tecnología.
La charla mantuvo un tono cercano, con anécdotas y referencias a experiencias compartidas con los asistentes. La sesión concluyó con la lectura de una oración de Benedicto XVI por los abuelos, en la que se pide a las familias y a la sociedad que valoren su presencia y les ofrezcan respeto, amor y acogida durante todas las etapas de su vida.

