La comunidad parroquial de Carballo quiere expresar su profunda alegría y gratitud a Dios por el don inmenso de celebrar los 100 años de vida y 71 años de ministerio sacerdotal de don Ricardo Bello Mato. Su testimonio, su memoria viva y su corazón agradecido son un regalo para todos nosotros.
Aquí ofrecemos un resumen de su propio relato, donde él mismo comienza diciendo: “¿Qué son cien años comparados con la eternidad?” y añade con humildad: “Cien años son un siglo; pues ese es el tiempo que yo llevo viviendo.”
Infancia, vocación y primeras parroquias
Don Ricardo nace en Cances, en una familia numerosa y profundamente católica. De niño vive los efectos de la guerra, la pérdida de su hermano mayor y la necesidad de asumir trabajos de adulto. Tras la contienda, sus padres lo envían al colegio salesiano de Madrid, donde conoce una ciudad herida y a muchas familias católicas que sufrieron enormemente.
En 1943 ingresa en el seminario, lleno de jóvenes con ilusión y vocación. Celebra su primera misa en Cances, acompañado del querido párroco don Tomás Dosil.
Poco después es nombrado párroco de Viones, Leiro y Cerneda, donde organiza una catequesis viva, inspirada en la experiencia del Carmen de Santiago. Visita cada familia, entrega la hoja parroquial e invita personalmente a la misión del arzobispo Quiroga, que fue un verdadero éxito humano y espiritual.
Bardaos y San Martiño de Ozón: comunidad, obras y espíritu monástico
Tras tres años, es enviado a Bardaos (Cabaleiros). Allí impulsa obras necesarias: techo de la iglesia, retablo, bancos y nichos. Propone construir un salón parroquial para reuniones, formación y convivencia. El proyecto se convierte en un motor de vida comunitaria: jóvenes que se preparan para emigrar a Europa, mayores que resuelven problemas, niños y mujeres que encuentran un espacio de encuentro.
Más tarde es nombrado párroco de San Martiño de Ozón (Muxía), donde llega de manera sorprendente, recibido por un pequeño grupo de feligreses. El monasterio, en estado precario, se convierte en un desafío y una oportunidad. Se restaura un pabellón ruinoso para transformarlo en rectoral.
La parroquia vive una auténtica renovación espiritual: cursillos, ejercicios, charlas, Hijas de María, devoción al Socorro, a San Martín y al Santísimo. Se trabaja intensamente el problema agrario, se instalan aguas, se reforma la capilla de Sujo, se crea un teleclub premiado por el señor Barrié y se celebran misiones populares en los distintos lugares. El arzobispo Suquía, en su visita pastoral, se emociona al ver la vitalidad de la comunidad.—
Nos, Iñás y la Residencia P. Rubinos: reconstruir, acompañar y servir
Su llegada a San Pedro de Nos y San Jorge de Iñás (Oleiros) es dura: frío, lluvia, viento, poca gente y sin casa rectoral. Pero pronto la tristeza se transforma en alegría y entrega. Se organizan obras urgentes: bancos nuevos, mesa de la eucaristía, despacho parroquial, servicios higiénicos, ampliación del cementerio, salón parroquial, cursillos juveniles, excursiones y misión.
La catequesis llega a más de cien niños y se crean las “damas de iglesia”, que atienden enfermos, pobres, personas solas y cuidan la iglesia y el cementerio. En Iñás, las religiosas realizan una labor espiritual y caritativa admirable.
En 1999 es nombrado capellán de la Residencia P. Rubinos y de las religiosas de la Caridad. Acompaña ancianos, pobres y transeúntes, y participa en el traslado a la nueva residencia donada por Amancio Ortega. Continúa este servicio hasta 2017, cerrando así un siglo de vida y ministerio entregado.
Acción de gracias por don Ricardo
Hoy, don Ricardo vive junto a su hermano, don Jesús, en la Casa Sacerdotal de Santiago, donde continúa activo en aquello que ha marcado toda su vida: rezar, acompañar y escribir. Su presencia serena, su oración constante y su dedicación intelectual siguen siendo un regalo para la Iglesia y para todos los que lo conocemos.
Te pedimos que sigas rezando por nosotros, y por todos los que han recibido tu ministerio.
Y te rogamos que pidas al Buen Pastor que el Señor siga enviando pastores santos y generosos a su Iglesia, para que nunca falte quien anuncie el Evangelio, celebre los sacramentos y acompañe a los hermanos con corazón de padre.
