La noche del viernes 5 de septiembre, Carballo se convirtió en un escenario de fe encendida y memoria compartida. Desde capilla del barrio de A Milagrosa partió la procesión que, más que un rito, es una cita que no se escribe solo en el calendario, sino en la memoria viva de un pueblo que vuelve a encontrarse bajo la misma llama de fe.
El final de la Novena volvió a ser, como siempre, una cita imprescindible. Allà estaban las familias reunidas, los mayores aferrados a sus recuerdos y los niños que descubrÃan la solemnidad de un rito que se transmite como herencia.
Pero el fervor no se apaga con la procesión. Este sábado, las manos de los vecinos se unirán para dar forma a las alfombras florales que vestirán las calles. Pétalo a pétalo, color a color, se tejerá un tapiz tan breve como eterno en la memoria, un arte colectivo que habla de paciencia, de unión y de belleza compartida.
El domingo, la celebración alcanzará su culmen. A las 12.30 horas, la iglesia será escenario de la Misa Solemne, con la tradicional bendición de los niños y enfermos, un gesto de esperanza y cuidado. Los funcionarios rendirán homenaje con su ofrenda floral y se bendecirá la nueva imagen de Cristo Resucitado, destinada al Hortus Viae Crucis e Rosarii, un espacio de oración y descanso en el corazón del templo.
La jornada concluirá con la gran procesión. La Virgen de La Milagrosa volverá a caminar por Carballo, esta vez acompañada del Santo Cristo y sostenida sobre alfombras florales que unirán arte y fe en un mismo gesto.

