El Arzobispado de Santiago de Compostela estima necesario realizar algunas precisiones al respecto de la situación creada por la hospitalización de la pequeña Andrea en el CHUS, tanto para contribuir a iluminar las decisiones que se puedan adoptar sobre la paciente, como para recordar la postura de la Iglesia sobre la defensa integral de la vida y el derecho a una muerte digna.
1.- A travĆ©s de sus capellanes en el Hospital ClĆnico, el Arzobispado ha ofrecido a los padres de la pequeƱa Andrea toda su ayuda espiritual, cercanĆa y oración, como tambiĆ©n lo ha hecho en distintos pronunciamientos pĆŗblicos el arzobispo, monseƱor JuliĆ”n Barrio. El trabajo desarrollado por los capellanes constituye un testimonio del compromiso de la Iglesia por atender en sus necesidades espirituales a todos los pacientes que solicitan su asistencia.
2.- Comprendiendo que los padres de Andrea atraviesan un doloroso trance, y sin pretender enjuiciar la situación clĆnica de la pequeƱa, que depende del criterio mĆ©dico de los profesionales sanitarios que la atienden, y cuya profesionalidad y responsabilidad merecen toda consideración, el Arzobispado de Santiago reafirma que la defensa de la vida humana desde su origen hasta su muerte natural es un principio irrenunciable de la Iglesia.
3.- Estos principios han sido reiterados recientemente por el Secretario de la Conferencia Episcopal EspaƱola y por el propio arzobispo de Santiago. Se insiste por parte del magisterio eclesial en el respeto especial y en la atención de aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada para que lleven una vida tan normal como sea posible. āLa vida es un valor sagrado e intangibleā.
4.- La vida, don de Dios, es siempre digna de ser vivida en cualquiera de las circunstancias. Hay que amar, respetar y proteger siempre, de todas las formas posibles, la dignidad de los enfermos incurables o agonizantes, ya sean niƱos, jóvenes, adultos o ancianos. La eutanasia directa con el fin de eliminar cualquier dolor es moralmente inaceptable. āUna acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo y creadorā, subrayaĀ el Catecismo de la Iglesia Católica. āLa verdadera compasión hace solidarios con el dolor de los demĆ”s y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportarā.
5.- La Congregación para la Doctrina de la Fe daba estas respuestas a preguntas que le fueron hechas: ĀæEs moralmente obligatorio suministrar alimento y agua (por vĆas naturales o artificiales) al paciente en āestado vegetativoā, a menos que estos alimentos no puedan ser asimilados por el cuerpo del paciente o no se le puedan suministrar sin causar una notable molestia fĆsica?
SĆ. Suministrar alimento y agua, incluso por vĆa artificial, es, en principio, un medio ordinario y proporcionado para la conservación de la vida. Por lo tanto es obligatorio en la medida y mientras se demuestre que cumple su propia finalidad, que consiste en procurar la hidratación y la nutrición del paciente. De ese modo se evita el sufrimiento y la muerte derivados de la inanición y la deshidratación.
ĀæSi la nutrición y la hidratación se suministran por vĆas artificiales a un paciente en āestado vegetativo permanenteā, pueden ser interrumpidos cuando los mĆ©dicos competentes juzgan con certeza moral que el paciente jamĆ”s recuperarĆ” la consciencia?
No. Un paciente en āestado vegetativo permanenteā es una persona, con su dignidad humana fundamental, por lo cual se le deben los cuidados ordinarios y proporcionados que incluyen, en principio, la suministración de agua y alimentos, incluso por vĆas artificiales.
6.- Una muerte verdaderamente digna, por otra parte, estĆ” bien lejos tanto de la eutanasia directa como del llamado āencarnizamiento terapĆ©uticoā. Con esta denominación, o la de āensaƱamiento terapĆ©uticoā -que acaso sean menos acertadas que la de āobstinación terapĆ©uticaā, que refleja mejor la intención con que se practica -, se quiere designar la actitud del mĆ©dico que, ante la certeza moral que le dan sus conocimientos de que las curas o los remedios de cualquier naturaleza ya no proporcionan beneficio al enfermo y sólo sirven para prolongar su agonĆa inĆŗtilmente, se obstina en continuar el tratamiento y no deja que la naturaleza siga su curso.
7.- El arzobispo de Santiago y la Iglesia diocesana rezan para que sean estos los principios que inspiren la actuación de quienes estĆ”n llamados a adoptar decisiones sobre el estado de la pequeƱa Andrea o de tantas otras personas que se encuentren en las mismas circunstancias. La Iglesia compostelana ofrece sus manos tendidas desde la fe en el Dios de la vida para acompaƱar en su dolor y sufrimiento a quien solicite su asistencia, mostrando su cercanĆa y afecto a sus familias y a los mĆ©dicos que diligentemente les atienden.
Precisiones del Arzobispado sobre la defensa de la vida
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