Publicada A Xanela Nº 623

por parroquiacarballo

Queridos lectores de A Xanela

La fiesta de la Candelaria nos trae cada año una escena llena de luz y humanidad: María y José entrando en el templo con el Niño Jesús en brazos, ofreciéndolo a Dios y poniéndolo en manos de la comunidad creyente. Allí los esperan Simeón y Ana, dos ancianos que, con su fe sencilla y perseverante, reconocen la luz que llega al mundo y la acogen con alegría. Esa imagen sigue viva hoy en nuestras parroquias. También ahora hay muchos “Simeones” y “Anas”: abuelos y abuelas que, con discreción y ternura, sostienen la fe de sus familias, enseñan a los nietos a rezar, los acercan al templo y siembran en ellos las primeras semillas del Evangelio.

Pero esta fiesta no es solo un homenaje a los abuelos. Es también una llamada a los padres, invitados a presentar a sus hijos ante Dios, a acompañarlos en su crecimiento espiritual, a enseñarles a rezar y a ayudarles a recibir los sacramentos que alimentan la vida cristiana. La fe no se transmite por inercia: se contagia con gestos, con presencia, con ejemplo. En un tiempo en el que tantos hogares han perdido signos religiosos y tantas familias viven instaladas en la indiferencia, la Iglesia recuerda que la fe es un regalo que sostiene, ilumina y acompaña, y que los niños tienen derecho a recibir ese tesoro.

Por eso, en esta Candelaria damos gracias: a los abuelos que rezan por sus nietos, a los padres que presentan a sus hijos ante Dios, y a todos los que, como Simeón y Ana, reconocen la luz y la transmiten. Que el Señor bendiga a nuestras familias y a quienes ayudan a que la fe siga pasando de corazón a corazón.

En estos días también hemos conocido el testimonio valiente y conmovedor de Davinchi, joven futbolista del Getafe, que ha perdido a su padre en el trágico accidente ferroviario de Adamuz. En medio del dolor más profundo, ha proclamado públicamente su fe, afirmando que “Jesús es mi fortaleza”. Sus palabras, llenas de esperanza y confianza, nos recuerdan que incluso en las noches más oscuras la fe puede sostenernos. Su testimonio, compartido con miles de personas, es una llamada a acercarnos a Cristo, que cura heridas y acompaña en el sufrimiento.

También compartimos la reflexión del canónigo José Fernández Lago, quien recuerda que, ante la muerte, lo esencial no son los homenajes civiles, sino la oración que acompaña a quienes parten hacia la vida eterna. La Iglesia, con sus funerales y súplicas, confía a Dios a los fallecidos y pide para ellos la paz y la alegría sin fin. Ningún acto laico puede sustituir la fuerza de la oración que entrega a cada hijo a los brazos del Padre y a la intercesión maternal de la Virgen.

Finalmente, os hacemos llegar los avisos para esta semana, que nos ayudan a vivir la fe con profundidad. A partir del jueves 5 de febrero retomamos la misa diaria y la adoración en la Capilla del Santísimo, con un nuevo horario de exposición eucarística. Os invitamos a dedicar una hora al Señor, a reavivar la devoción a Jesús Sacramentado y a visitar la iglesia, siempre abierta para la oración.

El lunes 2 celebraremos la Fiesta de la Candelaria, con la bendición de los niños bautizados este año y la bendición de las candelas. El martes 3 honraremos a San Blas, con misa solemne y bendición del pan.

Nos unimos también a la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas, cuyo lema para 2026 es “Declara la guerra al hambre”. Una llamada urgente a combatir la pobreza con solidaridad, recursos y compromiso. El viernes será el día del ayuno voluntario y el domingo la colecta especial.

Feliz semana

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