Una obra de misericordia afianzada en Galicia

por parroquiacarballo

Si hay algo que me llamó la atención viviendo en Galicia fue la cantidad de gente que asiste a las misas de Funerales de entierros y a las misas de Funerales de aniversario. Realmente sorprendente y fuera de lo común en casi todos los lugares donde he estado, y fueron muchos. La piedad que tienen a los difuntos es enorme y digna de ser imitada por todos los cristianos del mundo.
Algunos sacerdotes conocidos de aquí y de allá con los que he  hablado por diferentes medios dirán que exagero pero aquí en Galicia va más gente a misa en un entierro o aniversario que un domingo u otra fiesta. Sí, es verdad. Presten atención a esta realidad, observen.
La religiosidad popular se une con la liturgia de la Santa Madre Iglesia para realizar una de las siete obras de misericordia espirituales: “enterrar a los muertos con cristiana sepultura”.
¿Cuándo se comenzó a rezar por nuestros difuntos? 
Sabemos por nuestra fe que cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo, pues, se terminó su tiempo aquí en la tierra para lograr méritos que le sean contados para lograr su salvación; sin embargo, los vivos, los que aun pertenecemos a la iglesia peregrinante sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación si está en el purgatorio.
El purgatorio es el lugar al que van los que en vida hayan servido al Señor pero que al morir no estén aún plenamente purificados de sus pecados. Es el lugar dónde Dios, en su infinita misericordia, purifica las almas y, una vez limpios, pueden entrar en el Cielo, ya que no es posible que nada manchado por el pecado entre en la gloria: «Nada impuro entrará en ella (en la Nueva Jerusalén), dice la Sagrada Escritura» (Ap. 21, 27).
En efecto, con nuestras buenas obras y nuestra oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.
De hecho, de tiempos inmemoriales los cristianos rezamos por nuestros difuntos. San Agustín decía en el siglo V de la era cristiana: “Si las vestiduras del padre y de la madre, o su anillo y recuerdos personales, son tanto más queridos para los descendientes cuanto mayor fue el cariño hacia ellos, en absoluto se debe menospreciar el cuerpo con el cual hemos tenido mucha más familiaridad e intimidad que con cualquier vestido. Es el cuerpo algo más que un simple adorno o un instrumento: forma parte de la misma naturaleza del hombre. De aquí que los entierros de los antiguos justos se cuidaran como un deber de piedad” (San Agustín, La Piedad con los difuntos, III.5. Vol. XL de ed. BAC).
Por eso la Santa Madre Iglesia Católica, le dio una posición privilegiada al recuerdo de nuestros difuntos al establecer un día especial en el que esta celebración se recita el Oficio de difuntos y las misas son de Réquiem, aunque el 2 de noviembre caiga en domingo.
P. Walter
 
 
 

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