Como es tradición, el último sábado previo a la Nochebuena tuvo lugar en la iglesia parroquial de San Xoán Bautista de Carballo el pregón navideño y el recital de panxoliñas, una cita ya plenamente consolidada en el calendario local y organizada por la Asociación de Padres Católicos, que volvió a congregar a numerosos fieles y vecinos.
Ana García comenzó agradeciendo al párroco y al equipo de la parroquia haber pensado en ella para dar el pregón de la Navidad, destacando la emoción que le suponía hacerlo por primera vez en su tierra, en Carballo. Recordó también una de las etapas más emotivas de su juventud, la de catequista, y cómo todavía hoy hay personas que la paran por la calle para recordárselo, algo que aseguró le resultaba especialmente bonito y conmovedor.
La pregonera habló de sus sueños juveniles, como el deseo de cantar en el coro, aunque reconoció con humor que no pudo ser, dejando ese protagonismo a los coros que esa noche llenaban la iglesia de música. A partir de ahí, centró su intervención en reflexionar sobre el significado de la Navidad, que no es igual para todos, ya que cambia con la edad, las experiencias y las circunstancias personales. En su caso, confesó que el día 25 de diciembre tenía un significado muy especial, pues coincidía con un momento clave de su vida personal, relacionado con el amor y con la persona con la que compartía su camino.
Desde su experiencia como fotoperiodista, Ana García compartió con los presentes una mirada profunda sobre la fragilidad de la vida. Explicó que su trabajo no consistía solo en hacer fotografías, sino en acompañar, escuchar y contar historias que merecen ser contadas, dedicando el tiempo necesario para hacerlo con amor y pasión. Relató una anécdota especialmente significativa: una conversación con una persona que se sentía perdida y que, tiempo después, le agradeció haberle ayudado a cambiar su vida. Para ella, aquel momento fue la confirmación de que el fotoperiodismo también es presencia y humanidad, incluso con personas a las que apenas se conoce.
En su intervención, defendió la idea de que la Navidad debería existir los 365 días del año, como una actitud permanente de encuentro, de disfrute del tiempo compartido y de cuidado de las relaciones. Recordó que todos tenemos una fecha de caducidad, aunque no sepamos cuándo llegará, y que muchas veces el arrepentimiento surge por no haber dicho a tiempo un “te quiero”, por haber pospuesto encuentros con amigos, por no haber cumplido sueños o por no haber dedicado más tiempo a la familia.
Uno de los momentos más emotivos de su pregón llegó cuando evocó un pasaje de su vida profesional tras la pandemia, al ver cómo miles de personas volvían a reunirse para disfrutar del Mar de Ardora. Confesó que en uno de esos días lloró de felicidad al sentir que el mundo volvía a moverse y a respirar, y al comprender que aquellas personas se llevaban un recuerdo imborrable. Comparó el mar, caprichoso y difícil de fotografiar, con la propia vida, llena de instantes únicos que no se repiten, y subrayó la importancia de las pequeñas cosas como fuente de felicidad.
En el tramo final de su intervención, Ana García abrió su corazón para compartir una experiencia personal especialmente dura vivida durante su etapa en el instituto, en la que atravesó años difíciles marcados por el sufrimiento. Desde el púlpito quiso recalcar la importancia de proteger a las víctimas, de actuar a tiempo y de crear entornos seguros para los jóvenes. Agradeció profundamente el apoyo recibido entonces por parte de su madre, su padre y su abuela materna, a quienes definió como sus “reyes y reinas” de corazón lleno de amor. Con ese ejemplo, invitó a todos los presentes a ser refugio para los demás, a convertirse en reyes y reinas de sus familias, amigos y de la sociedad, ofreciendo un corazón cálido y solidario.
La celebración continuó con el tradicional recital de panxoliñas, en el que participaron el Coro Parroquial, Xocaloma, el Coro O Candil de Sísamo, el Coro de Renovación Carismática, Aires de Bergantiños y la Coral Polifónica de Bergantiños. Sus voces llenaron el templo de música y emoción, poniendo el broche final a una celebración que volvió a demostrar la fuerza de la tradición y el sentimiento comunitario.
Posteriormente, se inauguró la Exposición fotográfica de Ana García que lleva por título «Devoción popular da Costa da Morte» y que estará abierta hasta el 7 de enero en el Centro Social San Xoán Bautista de Carballo.
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