- Manuel Rodríguez: “Todos los días del año son Corpus porque Cristo anda por nuestras calles”
En el segundo día de celebraciones religiosas por San Xoán, la localidad de Carballo vivió este miércoles con recogimiento y participación la festividad del Corpus Christi, también conocida como la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo o la Fiesta del Santísimo Sacramento. A las doce y media del mediodía tuvo lugar una misa solemne en la iglesia parroquial, cantada por la Coral de Bergantiños y presidida por Manuel Rodríguez Rodríguez, acompañado en el altar por el párroco José García Gondar y el Padre Plácido.
Durante la homilía, Rodríguez ofreció un mensaje profundo, cargado de contenido espiritual y social. Recordó que “neste día 25 de xuño celebramos unha gran festa para nós os crentes, a festa do que lle chamamos a festa do sacramento”, en referencia al gesto de Jesús en la Última Cena, cuando se entrega como “pan partido e compartido” para sus discípulos y para todos los que le siguen a lo largo de la historia.
Manuel Rodríguez también contextualizó la llegada de Cristo en una época convulsa, bajo el dominio del Imperio romano y el auge del materialismo, destacando que “era necesario que se producira un cambio importante na sociedade”, y que Jesús viene “a traernos esa gran boa nova de humanización para a sociedade”. Subrayó también que Dios se hace presente en lo cotidiano: “El faise sagrario para todos nós; a mellor custodia é o ser humano”.
Reclamó una fe comprometida con la realidad y no reducida a actos externos, afirmando que “non temos por que orar só polas procesións nas que sacamos ao Cristo sacramento polas rúas”, ya que “todos os días do ano son corpus porque todos los días do ano Cristo anda polas nosas rúas”. En esa línea, invitó a la comunidad a mirar a Cristo en el rostro del prójimo: “Cristo está presente en cada persoa que ama e sofre”.
Una Iglesia que se conmueve, actúa y denuncia
Rodríguez exhortó a los fieles a formar “unha comunidade de conmovidos”, especialmente ante el sufrimiento de los más vulnerables, y recordó que Jesús, al ver a la multitud hambrienta, dijo: “sentádevos aí un grupo e dádelles vos de comer e non tiñan con que, pero pouco ben partido, ben repartido, chega para todos”. A partir de ese ejemplo evangélico, defendió que la celebración del Corpus debe mover a la acción concreta, a dar respuesta a los hambres de pan, de justicia y de dignidad, de quienes han perdido el rumbo, no encuentran trabajo, sufren violencia o viven solos sin esperanza.
En su mensaje, tuvo un especial reconocimiento a Cáritas y a su labor en la parroquia, afirmando que “temos que estar e queremos estar” al lado de quienes más lo necesitan. Reivindicó que la Iglesia sea “de portas abertas”, subrayando que esa es la filosofía que anima a la parroquia de Carballo, que permanece abierta incluso a pesar de los obstáculos y los robos sufridos. “A igrexa como comunidade ten que ter as portas abertas para todos”, insistió.
También denunció con claridad situaciones de injusticia, recordando que la fe no puede ser indiferente ante el sufrimiento: “o culto ten que levarnos ás rúas para encontrar os agrarios vivos nos irmáns que están ao noso carón”, y que no puede haber lugar en la vida cristiana para “a opresión contra os inmigrantes, nin o abuso contra os economicamente débiles, nin a violencia, nin o terrorismo, nin as guerras, nin a vinganza”.
Fe vivida, comunidad solidaria
En un momento especialmente emotivo, Rodríguez compartió su propia experiencia de décadas de relación con Carballo, donde ha sido testigo desde 1.972 del crecimiento humano y espiritual de la comunidad. Deseó que “quen veña a Carballo poida dicir: en Carballo dá gusto vivir porque é un pobo acolledor e solidario”.
Tuvo palabras especiales para el párroco José García Gondar, a quien describió como “máis que un irmán”, destacando el trabajo conjunto que ha hecho posible una parroquia viva, construida “non de pedras de cemento, senón de pedras vivas, que somos nós os cristiáns”.
Procesión por las calles del corazón de Carballo
Al finalizar la misa, se celebró la tradicional procesión del Corpus Christi, en la que el Santísimo Sacramento fue portado en una carroza engalanada, acompañado por autoridades civiles, representantes religiosos y numerosos devotos. El recorrido atravesó la Calle Coruña, Gran Vía, Cervantes, Valle Inclán, Vázquez de Parga y concluyó en la Plaza Galicia. En los tres altares habituales se impartió la bendición.
Desde los balcones, los vecinos lanzaron lluvias de pétalos, mostrando su fe y respeto al paso del Santísimo. Cada parada fue un momento de encuentro y oración, en una procesión que, sin perder su solemnidad, destacó por la participación sentida del pueblo.




