Carballo despertó este primer domingo de septiembre bajo un cielo de fina lluvia que, lejos de ensombrecer la jornada, pareció acariciar las calles como un presagio de gracia. Vivió con hondura la celebración de la Fiesta de la Milagrosa, una tradición que se renueva cada año tras nueve días de Novena.
A las doce y media del mediodía dio comienzo la Misa Solemne, presidida por el párroco de Carballo, José García Gondar, y acompañada por los cantos de la Coral de Bergantiños. La explanada de la capilla se llenó de fieles y devotos llegados de distintos lugares para honrar a la Virgen en su día grande, entre ellos autoridades locales, incluido el alcalde Evencio Ferrero, que compartieron la celebración con el resto de la comunidad.
El momento más esperado llegó con la bendición de los niños y de los enfermos, gesto sencillo y cargado de ternura, seguido de la ofrenda floral de los funcionistas, que cada año mantienen viva la llama de una devoción heredada.
La homilía del párroco se convirtió en un ejercicio de memoria y gratitud. Con la serenidad que da el tiempo vivido, García Gondar recordó su primera llegada a Carballo, un lejano primero de agosto de 1972, cuando al entrar en la capilla, quedó cautivado por la mirada de la Virgen. Con emoción, evocó las décadas transcurridas desde entonces, los esfuerzos para recuperar el santuario para la parroquia, las celebraciones jubilares y la coronación canónica de 2012 que atrajo a peregrinos de toda España.
Sus palabras resonaron con la fuerza de lo íntimo y lo colectivo. “Nai, non te merezo, pero necesítote”, confesó en voz alta, como quien habla desde el corazón de un pueblo entero. Y añadió una exhortación que resumió el espíritu de la jornada: “Non teñades medo, vinde”.
La homilía también tejió puentes entre pasado y presente: recordó a los vecinos que, desde hace más de treinta años, confeccionan alfombras florales con paciencia y arte, aún bajo la lluvia; mencionó el hogar de acogida en la casa de doña Basilisa gracias a Cáritas, donde más de sesenta familias hallaron refugio.
Uno de los momentos más significativos de la homilía llegó cuando el párroco recordó el especial vínculo que une a la capilla de la Milagrosa con la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Desde 2012, este pequeño templo de Carballo goza de esa afinidad espiritual, privilegio que lo hermana con uno de los santuarios marianos más importantes del mundo. En su reciente peregrinación jubilar a la Ciudad Eterna, García Gondar regresó con un símbolo cargado de historia: un ladrillo procedente del muro de la Porta Santa de la basílica romana y que reposará en la capilla carballesa como testimonio tangible de la unión entre Roma y Carballo, entre la universalidad de la Iglesia y la devoción íntima de un pueblo que se reconoce en su Virgen Milagrosa.
Tras la misa, se bendijo la imagen de Cristo Resucitado colocada en el patio, el Hortus Viae Crucis et Rosarii, pensado como espacio de oración y descanso. Y, como broche, la procesión recorrió las calles. La imagen de la Milagrosa, acompañada por la del Santo Cristo, avanzó sobre un tapiz de flores, obra efímera que el fervor convirtió en arte inmortal.
Carballo, una vez más, se dejó abrazar por la ternura de su Virgen. La jornada no fue sólo una cita en el calendario festivo, sino un acto de fe compartida que enlazó pasado y presente, memoria y futuro. Entre cánticos, flores y plegarias, la comunidad renovó la promesa de seguir caminando bajo la mirada de la Milagrosa. Y cuando la procesión se perdió entre las alfombras de colores y la llovizna callada del domingo, quedó la certeza de que, en cada hogar y en cada corazón, la Virgen sigue siendo refugio, consuelo y guía.



