El Papa ha mantenido una larga entrevista con el vaticanista Andrea Tornielli con el fin de explicar por quƩ ha convocado el Jubileo extraordinario.
Se titula āEl nombre de Dios es misericordiaā y en EspaƱa lo edita Planeta. Como Juan Pablo II en 1994 y Benedicto XVI en 2010, el Papa ha mantenido una larga entrevista con el vaticanista Andrea Tornielli con el fin de explicar por quĆ© ha convocado el Jubileo extraordinario. Y, sobre todo, porquĆ© su insistencia obsesiva en la misericordia desde que empezó su pontificado.
Es un libro breve, en el que no encontramos grandes titulares para los periódicos, ni complicadas reflexiones teológicas. Es una charla de pastor y oveja, de padre e hijo, en la que el Papa responde con un lenguaje sencillo a preguntas profundas sobre la confesión, el pecado, y su propia experiencia de āmiseriaā. Es una de las primeras cosas que subraya: āEtimológicamente, misericordia significa abrir el corazón al miserableā. Miseria mĆa, misericordia de Dios.
Lo primero que encontramos al abrir las pƔginas es este Evangelio:
Y JesĆŗs dijo tambiĆ©n a algunos que se tenĆan por justos y despreciaban a los demĆ”s esta parĆ”bola: Ā«Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: āĀ”Oh, Dios! Te doy gracias porque no soy como los demĆ”s hombres, rapaces, injustos, adĆŗlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis gananciasā. En cambio, el publicano, manteniĆ©ndose a distancia, no se atrevĆa ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: āĀ”Oh, Dios! Ā”Ten compasión de mĆ, que soy pecador!ā. Os digo que Ć©ste bajó a su casa justificado y aquĆ©l no. Porque todo el que se ensalce, serĆ” humillado; y el que se humille, serĆ” ensalzadoĀ». Lucas 18, 9-14
Y ahĆ estĆ” resumido prĆ”cticamente todo lo que viene a continuación. El relato arranca en la misa de Santa Ana, el domingo siguiente a la elección del Papa Francisco, donde en su segunda homilĆa, a propósito del evangelio de la adĆŗltera, predicó: Ā«El mensaje de JesĆŗs es la misericordia. Para mĆ, lo digo desde la humildad, es el mensaje mĆ”s contundente del SeƱorĀ»
A partir de ahĆ, cien pĆ”ginas a modo de caricia de parte de Dios. El propio Andrea Tornielli, veteranĆsimo periodista especializado en el Vaticano, se sitĆŗa en el plano del lector, aportando ingredientes a la conversación con preguntas como esta:
Don Luigi Giussani citaba este ejemplo sacĆ”ndolo de la novela de Bruce Marshall A cada uno un denario. El protagonista del libro, el abad Gaston, tenĆa que confesar a un joven soldado alemĆ”n que los partisanos franceses estaban a punto de condenar a muerte. El soldado habĆa confesado su pasión por las mujeres y las muchas aventuras amorosas que habĆa tenido. El abad le habĆa explicado que debĆa arrepentirse. Y Ć©l: «¿Cómo hago para arrepentirme? Era algo que me gustaba, si tuviera la ocasión lo harĆa ahora tambiĆ©n. ĀæCómo hago para arrepentirme?Ā». Entonces, al abad Gaston, que querĆa absolver a toda costa a ese penitente al borde de la muerte, se le ocurrió una idea genial y dijo: Ā«Pero Āæa ti te pesa que no te pese?Ā». Y el joven, espontĆ”neamente, respondió: Ā«SĆ, me pesa que no me peseĀ». Es decir, siento no estar arrepentido. La hendidura en la puerta que habĆa permitido la absoluciónā¦
Reproducimos aquĆ algunos fragmentos escritos por el Papa Francisco:
MISERICORDIA Y MISERIA
Etimológicamente, misericordia significa abrir el corazón al miserable. Y enseguida vamos al Señor: misericordia es la actitud divina que abraza, es la entrega de Dios que acoge, que se presta a perdonar. Jesús ha dicho que no vino para los justos, sino para los pecadores. No vino para los sanos, que no necesitan médico, sino para los enfermos. Por eso se puede decir que la misericordia es el carné de identidad de nuestro Dios.
LA IGLESIA CONDENA EL PECADO PORQUE DEBE DECIR LA VERDAD
La Iglesia condena el pecado porque debe decir la verdad. Dice: «Esto es un pecado». Pero al mismo tiempo abraza al pecador que se reconoce como tal, se acerca a él, le habla de la misericordia infinita de Dios. Jesús ha perdonado incluso a aquellos que lo colgaron en la cruz y lo despreciaron. Debemos volver al Evangelio.
LA NOCHE Y LOS LOBOS
Hay que entrar en la oscuridad, en la noche que atraviesan tantos hermanos nuestros. Ser capaces de entrar en contacto con ellos, de hacer notar nuestra cercanĆa, sin dejarnos envolver y condicionar por esa oscuridad. Ir hacia los marginados, hacia los pecadores, no significa permitir a los lobos entrar en la grey. Significa tratar de llegar a todos testimoniando la misericordia.
PERSONAS HOMOSEXUALES
ĀæPuedo preguntarle cuĆ”l es su experiencia como confesor con las personas homosexuales? Se hizo famosa aquella frase suya pronunciada durante la conferencia de prensa en el vuelo de regreso de RĆo de Janeiro: «¿QuiĆ©n soy yo para juzgar?Ā».
En esa ocasión, dije: «Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?». Parafraseé de memoria el Catecismo de la Iglesia católica, donde se explica que estas personas deben ser tratadas con delicadeza y no deben ser marginadas. En primer lugar, me gusta que se hable de «personas homosexuales»: primero estÔ la persona, con su entereza y dignidad. Y la persona no se define tan sólo por su tendencia sexual: no olvidemos que somos todos criaturas amadas por Dios, destinatarias de su infinito amor. Yo prefiero que las personas homosexuales vengan a confesarse, que permanezcan cerca del Señor, que podamos rezar juntos. Puedes aconsejarles la oración, la buena voluntad, señalarles el camino, acompañarlos.
CORRUPCIĆN Y PECADO
La corrupción no es un acto, sino una condición, un estado personal y social en el que uno se acostumbra a vivir. El corrupto estÔ tan encerrado y saciado en la satisfacción de su autosuficiencia que no se deja cuestionar por nada ni por nadie. El corrupto a menudo no se da cuenta de su estado, precisamente como quien tiene mal aliento y no se da cuenta. Tenemos que rezar de una manera especial durante este Jubileo para que Dios haga mella también en los corazones de los corruptos, otorgÔndoles la gracia de la vergüenza, la gracia de reconocerse pecadores necesitados de su perdón
LA FRASE FINAL DEL LIBRO RESUME TODO SU CONTENIDO:
Al acoger al marginado que tiene el cuerpo herido, y al acoger al pecador con el alma herida, se juega nuestra credibilidad como cristianos. Recordemos siempre las palabras de san Juan de la Cruz: «En la noche de la vida, seremos juzgados en función del amor»
Fuente: Cope
El Papa Francisco publica su primer libro, dedicado a la misericordia
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