Homilías del Sr. Arzobispo en la Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección

por parroquiacarballo

Ein recht gesegnetes Ostern wünscht Ihnen
Je vous prie d´ágréer mes meilleurs voeux de joyeuses Pâques
With my best wishes for a truly blessed Easter
Bona Pasqua a tutti
Boa Pascua a todos
¡Felices Pascuas!
El Padre ha resucitado al Hijo muerto y que ahora vive para siempre. “He resucitado y siempre estoy contigo; tú has puesto sobre mí tu mano”. La muerte ha sido vencida. Ya no hay razón para el miedo ni para la tristeza. La verdad, la alegría y la justicia han abierto los sepulcros de la mentira, de los miedos y de las injusticias de la historia. El amor es más fuerte que la muerte, y Dios es amor.
Nosotros por el bautismo “fuimos sepultados en la muerte para que con El, resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también vivamos nosotros una vida nueva” (Rom 6,4). Nuestra conciencia de bautizados nos compromete a renunciar a todo aquello que se oponga a la santidad cristiana. En esta noche santa nos agarramos a la orla del nuevo vestido del Resucitado, sabiendo que también él nos sostiene firmemente en medio de nuestra fragilidad.
María Magdalena, María la de Santiago y Salomé muy de mañana se acercaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado como muestra de afecto, gesto tradicional hacia un ser querido difunto. Ningún temor les paraliza. Pero el  cuerpo de Jesús no estaba. Comienzan las preguntas. Nos ocurre también a nosotros cuando encontramos algo nuevo respecto a lo de todos los días. La novedad que Dios nos trae, nos inquieta. Preferimos nuestras seguridades y pararnos ante la tumba del difunto que vive en nuestro recuerdo. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios para quien no hay situación que no pueda cambiar o pecado que no pueda perdonar. ¡Aceptemos que Jesús Resucitado entre en nuestra vida!
En la Vigilia Pascual celebramos la luz; Cristo resucitado es Luz que ilumina los rincones de nuestra historia y de nuestra vida personal para hacernos pasar de las tinieblas del pecado y de la muerte a la luz de la gracia y de la vida. ¡Seamos cristianos que caminen en la luz, que amen la luz, que se dejen iluminar por la luz de Cristo y transmitan esa luz a todos los ámbitos de la vida! Llevar esa luz en la vida y manifestarla con las palabras y el testimonio es nuestro compromiso, sabiendo que hemos sido marcados con la cruz santificadora y salvadora de Cristo y con el óleo perfumado del bautismo y el crisma de la confirmación. ¡Cuántos rincones esperan el buen olor de Cristo a los que lo debemos llevar con nuestra presencia! Celebramos el agua vivificadora “El que tenga sed que venga a mi y beba el que cree en mi; como dice la Escritura: de sus entrañas manarán ríos de agua viva” (Jn 7,37). Celebramos la vida: “¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado? No está aquí, ha resucitado.  “Este es el día en que actuó el Señor. Sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Ps 117).
Dejemos las formas paganas de vida y vivamos en caridad nuestra condición de hijos de Dios, despojándonos “de la vieja levadura para ser una nueva masa” (1Cor 5,7). No tengamos miedo porque Dios es fiel. Alegrémonos porque Jesús resucitado vive y está en medio de nosotros. Anunciemos a todos que Cristo ha resucitado y que se manifiesta allí donde nos amamos y vivimos la fraternidad. La Pascua es “un estilo de vida, un modo de pensar, de sentir, de querer, de actuar, de hablar, que comienza aquí en la tierra y se prolonga en la eternidad. Es  compromiso a una vida nueva con Cristo Resucitado, que implica un morir al hombre viejo y un vivir según el hombre nuevo. Y este compromiso comenzó el día del bautismo”.
¡Felices Pascuas de Resurrección del Señor!
 

Domingo de Resurrección

Ein recht gesegnetes Ostern wünscht Ihnen
Je vous prie d´ágréer mes meilleurs voeux de joyeuses Pâques
With my best wishes for a truly blessed Easter
Bona Pasqua a tutti
Boa Pascua a todos
¡Felices Pascuas!
Anoche, en la Vigilia Pascual se anunciaba gozosamente la Resurrección del Señor. “Si Cristo no resucitó, escribió san Pablo, nuestra predicación es vana y también es vana vuestra fe. Si Cristo no ha resucitado somos los más desdichados de todos los hombres” (1Cor 15,14-15.19). Es el centro de la vida cristiana. En este día miramos serenamente el rostro de Cristo Resucitado. En él “lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta”. Este misterio y este mensaje son la credencial del discípulo de Cristo.
La fe de los cristianos
La Resurrección es la respuesta del Padre a la obediencia del Hijo. “A este Jesús Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos. Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis” (Hech 2,32.36). Dios Padre confirmó con la resurrección la vida y la obra de su enviado Jesucristo que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él” (Hech 10,38). Es el sello de la autenticidad divina de Cristo. “Lo ha resucitado de entre los muertos, dándonos a todos una garantía sobre él y su misión” (Hech 17,31). Es la verdad absoluta que los apóstoles anunciarán con firmeza a todos. El Espíritu del Resucitado se mueve en lo oculto y anónimo de la historia como la levadura en la masa, como la sal en la comida, como la brisa en la noche. Nos toca ser testigos de su encuentro con nosotros, como lo fue María Magdalena, y dejarnos sorprender por la fuerza del Resucitado en el camino de la historia. Siempre es necesaria la humildad para entrar en el misterio. Llevamos dentro el ansia de una vida nueva que ha de manifestarse en nuestros pensamientos limpios y nobles, en nuestros afectos ordenados y puros, en nuestras palabras sinceras y auténticas, en nuestras decisiones honestas y rectas.
Cristo en nuestra historia
A Cristo hemos de buscarlo en los dominios de la vida. “Constituido Señor por la resurrección, Cristo obra ya por virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, purificando y robusteciendo también aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin”[1]. Nuestra vida sólo tiene sentido en Dios. La resurrección de Cristo revela que podemos amar más allá de la muerte y comprometernos con las opciones de vida que están de acuerdo con nuestra fe aunque seamos “signos de contradicción”. Ya no debemos seguir pensando y actuando con categorías puramente humanas. Hemos de buscar las cosas de arriba como nos recuerda hoy san Pablo en su carta a los colosenses. “La resurrección de Cristo da la fuerza, el coraje, la valentía que necesitamos para llevar una vida nueva de mayor entrega a los demás, una energía para el bien, mayor valentía en la lucha contra el mal, una fe y esperanza más firmes”.  De esto hemos de ser testigos convencidos hasta dar la vida por Cristo para vivir eternamente su vida de Resucitado como lo están haciendo tantos cristianos martirizados.
Acoger el amor de Cristo
Acoger el misterio del amor de Cristo que ha muerto y resucitado por nuestra salvación, da alegría al mundo. El hombre que camina en la noche de la desesperanza, encuentra en el Señor Resucitado la luz y la valentía para oponerse de manera radical y solidaria a tantos males que están afligiendo al hombre en nuestros días. La fe en la resurrección puede cambiar el mundo y es una llamada a vivir la vida en plenitud, con la libertad anclada en la verdad que nos hace libres. Dios que actúa sólo con el poder de la verdad y del amor, nos dice que la vida no es un sinsentido, ni un absurdo y que en consecuencia merece la pena ser vivida a fondo. El Resucitado pone en pie nuestra esperanza.
Desde esta Ciudad del Apóstol, en este Domingo de la Resurrección del Señor, en nombre de la Diócesis, junto con el Sr. Obispo Auxiliar, hago llegar la felicitación pascual con nuestra oración al Papa Francisco. También con la alegría que nos da Cristo resucitado, saludo fraternalmente a los hermanos de la Iglesias y Comunidades separadas, a los de las religiones no cristianas, y a todos los hombres de buena voluntad que peregrinan en nuestra Diócesis. También a todos los diocesanos, ¡feliz  Pascua de Resurrección del Señor!



[1] Gaudium et spes, 35.

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