Las ocho frases del Papa Francisco en la JMJ Cracovia 2016

por parroquiacarballo

El mundo en guerra.- “El mundo está en guerra (…) Pero no es una guerra de religiones, porque todas las religiones quieren la paz”.
Felicidad no es sinónimo de comodidad.- Algunos confunden la felicidad con sofá (…) Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados”.
La llamada de Dios.- Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: Él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar.
Tres consejos para acertar en el matrimonio.- El matrimonio es algo tan lindo, tan hermoso, que tenemos que cuidarlo porque es para siempre y las tres palabras son: permiso, gracias y perdón.
Discusiones de pareja.– Es habitual y sucede que el esposo y la esposa discuten, alcen la voz, se peleen. Y que a veces vuelen los platos, pero no se asusten cuando sucede esto, les doy un consejo, nunca terminen el día sin hacer la paz. ¿Y saben por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. ‘¿Y cómo tengo que hacer Padre, para hacer la paz?’ Puede preguntar alguno de ustedes. No hace falta un discurso, basta un gesto y se acabó, ya está hecha la paz. Cuando hay amor un gesto arregla todo.
Amar y respetar a todas las personas.- Nuestro Padre nos invita al valor verdadero: ser más fuertes que el mal amando a todos, incluso a los enemigos.
Recuerdo a las víctimas de la Guerra de Siria- Queridos amigos, los invito a que juntos recemos por el sufrimiento de tantas víctimas fruto de la guerra, esta guerra que hay hoy en el mundo, recemos por tantas familias de la amada Siria y de otras partes del mundo, para que de una vez por todas podamos comprender que nada justifica la sangre de un hermano, que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado.
Ayudar al prójimo.- Ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo. Ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, personas que piensan, movilizadores sociales.
 

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