Carballo volvió a llenarse de rostros conocidos, apretones de manos y miradas cómplices este martes 12 de agosto, en la trigésimo sexta edición de las reuniones de fraternidad que, desde hace más de tres décadas, se celebran cada verano para mantener viva la memoria de la Jornada Mundial de la Juventud que, en agosto de 1989, reunió a miles de jóvenes en el Monte do Gozo.
Al mediodía, el atrio de la iglesia parroquial de San Xoán Bautista se convirtió en punto de llegada. Allí, el cardenal arzobispo emérito de Madrid, monseñor Antonio Rouco Varela, fue recibido por el párroco local y anfitrión habitual de este encuentro, José García Gondar.
También participaron en esta jornada el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco Prieto; el obispo de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco; y el obispo emérito de Tuy-Vigo, monseñor Luis Quinteiro, acompañados por vicarios y varios sacerdotes de la zona.
La mañana comenzó con una tertulia en el Centro Social San Xoán Bautista, en un ambiente distendido donde los recuerdos compartidos se mezclaron con conversaciones sobre el presente y el futuro. Posteriormente, los participantes se trasladaron a la capilla de la Milagrosa para un momento de oración, que añadió un matiz de recogimiento a la jornada.
Uno de los momentos más significativos fue la visita a la imagen del Cristo Resucitado, instalada en el patio que recibirá el nombre de Horta do Rosario e Via Crucis. Esta escultura, que simboliza la esperanza y la victoria sobre la muerte, será bendecida el próximo domingo 7 de septiembre, coincidiendo con la Fiesta de la Milagrosa.
Más allá de los actos, el encuentro volvió a demostrar que lo que nació hace 36 veranos no fue solo una conmemoración, sino el inicio de un lazo fraterno que ha sabido resistir al paso del tiempo. Año tras año, en Carballo se renueva este encuentro que une fe, amistad y memoria. Y mientras haya quienes respondan a la cita, la llama encendida en aquel Monte do Gozo seguirá ardiendo, discreta pero firme, en el corazón de Carballo.
