- El obispo auxiliar de Esztergom-Budapest recorre la Costa da Morte acompañado por dos jóvenes con los que comparte una profunda amistad y un intenso compromiso pastoral.
- El prelado húngaro, impulsor de un exitoso proyecto de evangelización digital, asegura que contemplar el océano supone «una experiencia de Dios» para quienes viven lejos del mar.
- Responsable de la pastoral juvenil en Hungría, afronta la peregrinación como un tiempo de descanso, oración y renovación espiritual tras años de intensa actividad.
El sacerdote católico húngaro Fábry Kornél, obispo titular de Guardialfiera y obispo auxiliar de Esztergom-Budapest, inició estos días en Carballo una nueva peregrinación por Galicia. A su llegada fue recibido por el párroco de la Unidad Pastoral de Carballo, José García Gondar, quien lo acompañó durante toda la jornada y ejerció de anfitrión durante su estancia en el municipio. El prelado viaja acompañado por dos jóvenes húngaros, con quienes comparte desde hace años una estrecha amistad y diversos proyectos pastorales.
Su llegada a Carballo sirvió para compartir las motivaciones de un viaje que, más allá del componente físico, representa para él una experiencia profundamente interior. Acompañado por dos amigos con quienes mantiene una estrecha relación desde hace más de diez años, recorrerán durante diez días el itinerario que une Malpica con Fisterra, antes de culminar la peregrinación en la capital gallega.
Lejos de optar por alguno de los caminos jacobeos más concurridos, Mons. Fábry Kornél eligió deliberadamente una ruta menos conocida. «Lo escogimos porque no es tan conocido», explicó durante el encuentro, dejando claro que precisamente esa tranquilidad forma parte del atractivo del recorrido.
Pero existe otro motivo aún más profundo. Hungría, recordó, carece de salida al mar. Para quienes viven en el corazón de Europa, contemplar el océano supone una vivencia difícil de describir: «No tenemos mar, no tenemos océanos. Para nosotros ir al mar infinito es una experiencia de Dios».
No es la primera vez que el obispo visita Galicia. De hecho, ya ha realizado anteriormente el Camino Primitivo entre Oviedo y Santiago y también el Camino Portugués desde Oporto, experiencias que le dejaron una profunda huella espiritual. Esta nueva peregrinación representa la tercera ocasión en la que regresa para caminar por tierras gallegas.
Uno de los lugares que más le emociona es Muxía, donde ha celebrado la eucaristía en varias ocasiones y cuyo santuario considera uno de sus rincones predilectos. «Es muy bonito. Ver el mar con las olas es una maravilla», recordó al hablar de un lugar al que ha regresado en distintas ocasiones y donde incluso ofició una misa bilingüe, comenzando en húngaro y concluyendo en español debido a la presencia de numerosos fieles.
La elección del Camino dos Faros también responde al deseo de disfrutar del paisaje atlántico. El grupo tiene previsto caminar cada mañana alrededor de veinte kilómetros por la costa y dedicar las tardes al descanso o a conocer el patrimonio de los municipios que atraviesen. La llegada a Santiago está prevista para mediados de julio, aunque las últimas jornadas permanecerán abiertas para adaptarse al desarrollo del viaje.
El viaje también posee un importante componente espiritual y humano. Uno de sus compañeros, tras superar la enfermedad, decidieron volver a compartir una peregrinación como acción de gracias. Antes ya habían recorrido juntos el Camino Portugués, fortaleciendo una amistad nacida hace más de una década.
Mons. Fábry Kornél reconoce que caminar le permite encontrar algo prácticamente imposible en su vida cotidiana: el anonimato. Durante el camino apenas nadie le reconoce y puede vivir la experiencia como un peregrino más. Solo el anillo episcopal delata su condición de obispo.
Su estancia en Carballo estuvo marcada además por la celebración de la eucaristía en una pequeña capilla de la localidad, manteniendo una costumbre que acompaña todas sus peregrinaciones.
Una intensa actividad pastoral en Hungría.
Aunque estos días están dedicados al descanso y a la peregrinación, la vida cotidiana de Mons. Fábry Kornél dista mucho de ser tranquila. Con 54 años y apenas tres como obispo, desarrolla una amplia labor pastoral dentro de la archidiócesis de Esztergom-Budapest, donde ejerce como uno de los tres obispos auxiliares que atienden a una población cercana a los dos millones de habitantes.
Dentro de la Conferencia Episcopal Húngara asume numerosas responsabilidades. Es el encargado de la pastoral juvenil, de la atención a los migrantes y de los congresos eucarísticos internacionales. Además, dirige el Instituto Pastoral de Hungría, coordina el programa Alpha en el país y forma parte de la Comunidad Emmanuel.
Precisamente el Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Budapest marcó un punto de inflexión en algunos de los proyectos que hoy ocupa buena parte de su tiempo. Uno de ellos consiste en una iniciativa de lectura de la Biblia en un año mediante podcasts diarios de entre veinte y treinta minutos, inspirada en un modelo surgido en Estados Unidos y posteriormente adaptado a varios idiomas.
El proyecto ha alcanzado una notable repercusión en Hungría, donde supera ya los 62.000 seguidores diarios. Cada episodio combina la lectura de la Escritura con una explicación y una breve oración, acercando la Biblia a miles de personas.
Hace apenas unos días celebró una eucaristía de acción de gracias en la histórica iglesia de Matías, situada en el Castillo de Buda. El templo registró un lleno absoluto y numerosas personas permanecieron en el exterior al no poder acceder al interior. La retransmisión de la ceremonia alcanzó más de 6.000 visualizaciones en YouTube en tan solo dos días, una cifra que el propio obispo considera especialmente significativa teniendo en cuenta la población de Hungría.
La preocupación por las vocaciones.
Durante el encuentro también abordó uno de los grandes desafíos que afronta actualmente la Iglesia húngara: el descenso de las vocaciones sacerdotales.
Aunque este año la archidiócesis ha recibido diez nuevos seminaristas, reconoció que la realidad es muy distinta a la que él vivió cuando ingresó en el seminario. Entonces había alrededor de 400 seminaristas en el país; hoy apenas quedan un centenar.
Pese a ello, mantiene una visión esperanzadora y continúa apostando por el trabajo con los jóvenes, una de las responsabilidades que desempeña desde hace años.
Otro detalle que sorprendió durante la conversación fue su dominio del español. Lejos de atribuirlo a una formación académica específica, explicó con sencillez que comenzó a estudiarlo porque le gusta el idioma y que continúa perfeccionándolo mediante aplicaciones de aprendizaje. Esa cercanía lingüística facilitó una conversación distendida, salpicada de momentos de humor y espontaneidad.
Mientras avanza por los senderos que bordean el Atlántico gallego, Mons. Fábry Kornél encuentra en el silencio, el paisaje y la convivencia con sus compañeros aquello que buscaba al emprender el viaje: un tiempo para detener el ritmo de una intensa actividad pastoral, fortalecer la amistad y renovar la fe caminando. Porque, como él mismo resume con sencillez, la peregrinación no consiste únicamente en llegar al destino, sino en descubrir a Dios paso a paso.


