Hoy se cumplen 53 años de la llegada de don José García Gondar a Carballo, un joven sacerdote que, en el ya lejano 3 de agosto de 1972, inició una vida de entrega, fe y servicio en esta tierra que, con el paso de las décadas, aprendió a llamar suya.
Más de medio siglo ha pasado, y su paso por la parroquia no ha sido una mera presencia, sino un legado palpable: el complejo parroquial, la Capela da Brea, el Santuario de San Cristovo, la recuperación del edificio del Centro Social San Xoán Bautista, la Capela da Milagrosa, los programas y obras de Cáritas… Monumentos de piedra y fe que cuentan historias de comunidad y esfuerzo común.
Pero si algo quiere destacar don José en esta fecha no fueron solo las grandes obras, sino lo cotidiano, lo invisible pero esencial: las conversaciones al caer la tarde, las lágrimas compartidas en momentos de duelo, las sonrisas de los niños en catequesis, los pasos temblorosos hacia la pila bautismal, los abrazos tras la comunión, el calor de una comunidad que hizo suya su vocación.
A pesar de la gratitud, su mirada no se detiene en el pasado. Don José, el cura cercano que caminó junto a varias generaciones, lanza hoy una súplica que nace del alma: le preocupa el alejamiento de la fe, especialmente entre los más jóvenes. Niños que no vuelven tras la Primera Comunión, adolescentes que se marchan después de la Confirmación, familias donde la vida cristiana se apaga lentamente.
Por eso, en este aniversario no hay celebraciones ostentosas, sino un ruego humilde, un llamamiento sentido: “Volvede… Entrade… Renovade a vida cristiá”. Él sigue dispuesto a servir, como siempre, con la puerta abierta y el corazón en vela.
Hoy, Carballo no solo recuerda una fecha. Celebra una vida entrelazada con la suya, y escucha –o al menos intenta escuchar– el eco de una voz que sigue llamando.
