Convivir

por parroquia

     Asistimos a la perversión de conceptos tan capitales para el convivir humano, como son “derechos” y “libertades”.

    En la sociedad civilizada (más si es cristiana) siguen esos conceptos como algo intrínseco a la condición humana. Pero entiéndase bien, se trata de los derechos y libertades a usar y a defender, también en el prójimo.

    Hay una ley natural inscripta en el corazón de todos: “No hagas a los demás lo que no quieres para ti”. Por tanto, hay que armonizar derechos y libertades de acuerdo con la condición de cada cual y de la sociedad.

    Ofender el nombre de Dios, es, en sí mismo una blasfemia. Pero ahí también va la ofensa a multitud de creyentes. Y, (lo que parece sorprendente) tantas veces se ofenda a Iahvé de los cristianos, y no se atreven con Alá del Islam (que también ha de ser respetado).

    Puedo tener cualquier opinión respetuosa en lo político. Pero no debo ofender a los que han padecido terrorismo en su familia.

    Desde mi creencia religiosa, debo respetar la de los demás, y éstos, la mía. Cuanto más si soy cristiano y sé de lo fundamental que es el Mandamiento del amor mutuo.

    Los mártires del cristianismo lo fueron por defender su libertad religiosa. Concepto extraño en aquel mundo grecorromano.

    Dejando atrás situaciones históricas que deben ser superadas, olvidadas, y con la lección aprendida que de aquellas situaciones se origina, el Concilio Vaticano II ha proclamado la “libertad civil en materia religiosa”. Cada cual, decidirá. No se puede obligar, ni se puede negar el derecho a practicar en lo civil la religión de cada cual. Todos tenemos nuestra conciencia y responsabilidad.

    Sin llegar a estas profundidades, la persona educada, responsable, sabe defender la honra y fama ajenas. Como también lo merecen la suya propia. Es la grata coesistencia de derechos y libertades en la sociedad humana, hoy tan plural.

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