Al Cristo de mi compañía

por

               Presides esta casa desde el salón

          Tú confortas mi angustiosa soledad

          eres consuelo ardiente en mi poquedad

         me haces presente tu vida y tu pasión.

               Tú, paño de lágrimas en la aflicción

         dame fuerza para sufrir en hermandad;

         para mi y para la humanidad

         quiero que mi dolor sea redención.

                Como Dimas, Buen Ladrón, con humildad

         pues corren ya meses breves del vivir,

         pido estar contigo en la eternidad.

                Alcance, feliz, tu grandiosa suerte

         que, después de tanto dolor y sufrir

         fue, sí, antes de la Gloria, tu muerte

 

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