El sacristán de Algeciras

por parroquiacarballo

Cuando llegaron los primeros feligreses al templo observaron que una manta cubría en el suelo de la iglesia un cuerpo ensangrentado ¿Quién será?. Era don Diego Valencia, el sacristán fiel que por defender el respeto a la Casa de Dios y de la familia parroquial, había perecido.

Pero también el propio párroco, don Antonio Rodríguez Lucena, recibiera un corte, estaba malherido.

Opinaron algunos que el admirado sacristán debería recibir sepultura allí mismo donde yacía, como homenaje a su persona y a tantos sacristanes que en la Iglesia hay. La tristeza de los fieles se reflejaba en sus rostros y parecía que las imágenes allí veneradas estaban transidas de pena, el vuelo de los ángeles que alegraban los retablos barrocos se detuvo, un silencio angustioso oprimía los ánimos, mientras la campana, con gemidos doloridos, anunciaba al mundo lo que jamás debiera acontecer.

Hay sacristanes que lo fueron casi por vida, que son el archivo y memoria de la parroquia, recuerdan con afecto a los párrocos que allí ejercieron, su servicio pastoral, sus enfermedades y muerte. Con todos compartieron las incidencias de la vida parroquial, no siempre gratas. Cuando un sacristán repica las campanas, o enciende los cirios para la liturgia, está actuando con su sacerdocio laical al servicio del jerárquico que desempeñan los párrocos.

Pero hoy, en nuestras feligresías encontramos sacristanas. Como mujeres, ponen su sonrisa recibiendo a los que lleguen al templo; su sensibilidad les permite gozar cuando hay bautismo o bodas, y el dolor las embarga en los días en que la muerte arrebata a un cristiano.

La sacristanía, de hombres o mujeres, es una vocación que hoy necesita la Iglesia para evangelizar.

No lo olvidemos. Allá en el fondo de España murió un sacristán ejemplar y fue herido el reverendo Sr. Cura Párroco. Fue en Algeciras. Puede parecer lejos pero ambos irán muy dentro de nuestro corazón y de nuestra oración.

 

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